
Uno de los trabajos de Heather Welch, antes de ser despedida mediante un correo electrónico en el que le concedían apenas 90 minutos para hacer las maletas y marcharse, consistía en evitar las colisiones entre los buques y las ballenas que navegan por las aguas de la costa oeste de Estados Unidos.
Welch, que trabajó como ecóloga en la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA, por sus siglas en inglés) durante casi una década, estaba especializada en cartografiar los movimientos de los animales marinos. Esta información ayudaba a los barcos a trazar sus rutas y a las pesquerías a mejorar sus capturas, evitando al mismo tiempo recoger y matar accidentalmente leones marinos o tortugas.

Welch es solo una de las más de 1.000 personas que en las últimas semanas han sido despedidas de la NOAA, la principal agencia meteorológica y climática del país. Ya estaba escasa de personal antes de los recortes del presidente Donald Trump, y hay más por venir. El equipo con el que trabajaba Welch, que proporcionaba datos climáticos cruciales para la pesca, fue duramente golpeado. Gran parte de su trabajo “tendrá que reducirse, si no detenerse por completo”, dijo a CNN.
La misión de la NOAA es muy amplia, pero una de sus funciones más importantes es la observación de los océanos. Varios científicos explicaron a CNN que los despidos están desviando la atención de los expertos de los océanos en el peor momento posible: cuando los océanos experimentan cambios extremos, algunos de los cuales siguen en gran medida sin explicación, con profundas repercusiones para los seres humanos, la vida salvaje y las economías.
Las temperaturas oceánicas mundiales batieron récords de calor durante 450 días seguidos en 2023 y 2024, impulsando huracanes más intensos, provocando un aumento inesperado del nivel del mar, matando la vida marina y causando un blanqueamiento catastrófico de los arrecifes de coral. Un sistema clave de corrientes oceánicas está mostrando signos de inestabilidad, y los investigadores se esfuerzan por entender si podría colapsar y cuándo, un evento potencialmente catastrófico que cambiaría el clima en el hemisferio norte.

La importancia de la NOAA en la ciencia oceánica es innegable.
“Si has estado en el océano, o si has experimentado el clima, de alguna manera has sido impactado por la NOAA”, dijo Tom Di Liberto, un científico del clima y exespecialista en asuntos públicos de la NOAA, que también fue despedido en febrero.
Los datos de las vastas redes de vigilancia oceánica de la agencia, que incluyen barcos, satélites y flotas de boyas robóticas, alimentan las previsiones meteorológicas a corto plazo y ayudan a predecir olas y mareas. También ofrece una visión a largo plazo, que incluye la proyección de cambios en los niveles de agua de los embalses, el manto de nieve y la frecuencia de los huracanes.
Esta información, pública y gratuita, es aprovechada por las empresas. Un menor número de expertos podría reducir la calidad de estos productos tan utilizados.
El rico acervo de datos de la NOAA alimenta los modelos climáticos que permiten a los científicos mirar hacia el futuro y responder a preguntas como “¿cómo será la subida del nivel del mar dentro de 50 años? ¿Cómo será el clima dentro de 50 años? ¿Cómo cambiará la agricultura?”, explica Sarah Purkey, profesora adjunta del Instituto Scripps de Oceanografía.
Los despidos “indiscriminados” han “creado agujeros por toda la NOAA” y los riesgos podrían ser graves, dijo Cooley.



