
En un país donde los problemas suelen jugar en primera división —inseguridad, desempleo, crisis institucional—, parece que ahora la agenda pública también tiene espacio para un amistoso bastante peculiar: tiktokers de Honduras contra tiktokers de Perú, con estadio lleno, celulares en alto y filtros listos.
La iniciativa, respaldada por el presidente Nasry Asfura, suena, a primera vista, como una jugada creativa: mezclar entretenimiento, juventud y solidaridad en un solo evento. Y sí, nadie puede oponerse a que se recauden fondos para una causa benéfica. Eso siempre suma. Pero la pregunta que se queda rondando como balón en el área es otra: ¿qué tanto esto es un acto solidario y qué tanto es un espectáculo cuidadosamente alineado con la lógica del “me gusta”?
Porque en tiempos donde la política compite con los algoritmos, no es raro ver cómo los liderazgos buscan posicionarse más en tendencias que en soluciones. Hoy no basta con gobernar; también hay que viralizar. Y si un partido de influencers logra más alcance que un informe de gestión, pues el balón ya está en otra cancha.
El evento promete “talento joven, deporte y solidaridad”. Nada mal. Pero también revela una realidad incómoda: la delgada línea entre el compromiso social genuino y la política convertida en contenido. Mientras unos preparan coreografías y otros afinan discursos, el ciudadano común sigue esperando respuestas menos efímeras que un video de 30 segundos.
Quizás el verdadero partido no se jugará el 1 de agosto en el Estadio Nacional, sino todos los días en las calles, donde no hay árbitro, ni repeticiones, ni edición para mejorar la toma. Ahí, donde la solidaridad no necesita hashtags y donde los resultados no se miden en reproducciones, sino en cambios reales.
Al final, ojalá que el marcador favorezca a la causa benéfica. Pero sería aún mejor que, entre tanto show, no se nos olvide que gobernar no es hacer contenido… aunque a veces lo parezca.
Periodista: Lic. Nelson Garcia Casasola







