

Tapachula, Chiapas | Lunes 28 de septiembre de 2026. — Bajo una fuerte lluvia, cientos de personas migrantes retomaron durante el fin de semana su recorrido por las carreteras de Chiapas, en un nuevo intento por avanzar hacia el norte de México y, para una parte del contingente, continuar hacia Estados Unidos.
La movilización vuelve a colocar sobre la mesa una pregunta que Honduras arrastra desde hace años: ¿por qué miles de compatriotas continúan considerando la salida del país como una alternativa para buscar mejores condiciones de vida?
La caravana denominada “Fe y Esperanza con Dios”, integrada inicialmente por unos 300 migrantes que habían salido de Honduras, llegó a Tapachula el jueves 24 de septiembre después de atravesar Guatemala y cruzar hacia México por Suchiate. Posteriormente se incorporaron otras personas que permanecían en la frontera sur mexicana.
Para el domingo 27 de septiembre, el grupo volvió a caminar bajo condiciones lluviosas por la carretera costera de Chiapas. Reportes posteriores señalaron que el contingente había crecido a más de 600 personas, con ciudadanos de Honduras, El Salvador, Guatemala, Ecuador y Haití.

Una imagen que se repite
Las caravanas migrantes dejaron de ser un fenómeno aislado en la región. Durante 2026 se han registrado diferentes movilizaciones desde la frontera sur de México.
En marzo salió un primer contingente de alrededor de 500 personas; en abril se produjo otro éxodo, denominado “David”, que llegó a reunir aproximadamente 1,000 migrantes; posteriormente hubo otra caravana en junio y, en agosto, salió de Tapachula el grupo “Sueños sin fronteras”, inicialmente integrado por unos 600 migrantes.
La caravana de agosto recorrió aproximadamente 250 kilómetros en 16 días antes de llegar a Arriaga. Muchos de sus integrantes abandonaron el recorrido debido al cansancio, las condiciones del trayecto o porque fueron atendidos por las autoridades migratorias.
El fenómeno, por lo tanto, no comenzó con el actual contingente hondureño. Es parte de una dinámica migratoria que combina factores económicos, laborales, familiares, de seguridad y las expectativas de encontrar mejores oportunidades fuera del país.
¿Por qué se van los hondureños?
La respuesta no puede reducirse a una sola causa.
Una encuesta nacional realizada por el Equipo de Reflexión, Investigación y Comunicación (ERIC-SJ) en mayo de 2026 encontró que 33.3 % de las personas consultadas había pensado en migrar. El mismo estudio ubicó al desempleo y la situación económica como el principal problema señalado por los entrevistados, con 48.5 %.
Además, los datos disponibles muestran que la pobreza y el empleo continúan siendo asuntos centrales de la realidad hondureña. Una medición publicada en septiembre, basada en datos del INE, reportó una tasa de pobreza de 61.1 % y un desempleo de 7.1 % para 2026.
Estos datos ayudan a explicar por qué la migración continúa siendo considerada por una parte de la población como una opción económica, aunque no permiten afirmar que todas las personas que emigran lo hagan por una única razón.
También existen factores de seguridad y desplazamiento. ACNUR señala que Honduras enfrenta un contexto de violencia, violaciones de derechos humanos, desastres e impactos del cambio climático que pueden generar desplazamiento forzado.
Siete meses de 2026: migración en dos direcciones
El comportamiento migratorio hondureño durante los primeros siete meses de 2026 muestra una situación paradójica.
Por un lado, continúan saliendo hondureños en busca de oportunidades. Por otro, decenas de miles han regresado al país después de ser deportados.
Según información de la OIM difundida en julio, entre enero y junio de 2026 fueron retornados 23,952 hondureños, un aumento de aproximadamente 40 % respecto al mismo período de 2025, cuando se contabilizaron 17,102 retornos.
En junio, Estados Unidos concentró la mayor cantidad de retornos, con 3,880 hondureños, seguido por México con 509.
Es decir, mientras unos hondureños emprenden nuevamente el camino hacia el norte, otros regresan al país después de haber intentado permanecer en el extranjero.

Las remesas: el otro rostro de la migración
La importancia de los hondureños que viven en el extranjero también puede observarse en las remesas.
Entre enero y julio de 2026 Honduras recibió 7,692.2 millones de dólares en remesas familiares, 11.2 % más que durante el mismo período de 2025, según cifras del Banco Central de Honduras.
Para agosto, el BCH reportaba 8,920.1 millones de dólares, de acuerdo con datos publicados en septiembre.
Las remesas representan ingresos fundamentales para miles de familias hondureñas y constituyen una de las principales fuentes de divisas del país. Pero al mismo tiempo reflejan una realidad estructural: una parte importante de los ingresos de numerosos hogares depende del trabajo de familiares que tuvieron que buscar oportunidades fuera de Honduras.
¿Es la corrupción una causa de la migración?
La denuncia ciudadana de que la corrupción, el abuso de los recursos públicos y la falta de oportunidades contribuyen a la migración forma parte del debate nacional.
Sin embargo, periodísticamente es importante hacer una distinción: no existe evidencia suficiente para afirmar que cada hondureño que abandona el país lo hace directamente por la corrupción gubernamental.
Sí existe evidencia de que la corrupción y la percepción de impunidad forman parte de las preocupaciones sociales.
El sondeo ERIC-SJ 2026 registra una percepción negativa sobre instituciones de justicia y señala que 79.3 % de los entrevistados respalda que la sociedad continúe demandando la instalación de una CICIH.
Además, una encuesta Data Veritas publicada en junio de 2026 reportó que 31 % de los hondureños consultados identificaba la corrupción como uno de los principales problemas del país.
Por ello, la discusión sobre migración también involucra temas de gobernabilidad, transparencia, empleo, inversión, seguridad, educación, acceso a servicios públicos y confianza en las instituciones.
El problema trasciende a un solo gobierno
La historia reciente demuestra que la migración hondureña no comenzó con la actual administración ni puede atribuirse exclusivamente a un partido político.
Los flujos migratorios se han mantenido durante diferentes gobiernos y han respondido a circunstancias económicas, sociales, políticas y de seguridad acumuladas durante décadas.
Por eso, la discusión sobre “todos los gobiernos” requiere mirar más allá de un período presidencial específico.
El desafío consiste en determinar qué políticas públicas han funcionado, cuáles no han dado resultados y qué medidas pueden crear suficientes oportunidades para que emigrar sea una decisión voluntaria y no una necesidad económica o de seguridad.

Las carreteras vuelven a ser escenario del éxodo
Las imágenes de personas caminando durante horas, cargando mochilas, acompañadas de niños y atravesando carreteras bajo la lluvia, se han convertido en una de las representaciones más visibles de la crisis migratoria regional.
En la actual caravana, algunos participantes han señalado que buscan empleo y mejores condiciones de vida. Otros tienen familiares en Estados Unidos y pretenden reunirse con ellos. Incluso hay personas que, ante las dificultades para llegar a Estados Unidos, consideran permanecer en México si encuentran documentación y una oportunidad laboral.
Mientras tanto, las autoridades mexicanas enfrentan la tarea de atender a grupos que avanzan por las carreteras y a miles de personas que permanecen temporalmente en ciudades fronterizas como Tapachula.
Una pregunta que Honduras sigue sin resolver
La nueva caravana no solamente representa a un grupo de personas caminando por Chiapas.
También representa una pregunta pendiente para Honduras: ¿qué condiciones deben cambiar para que un ciudadano pueda encontrar en su propio país empleo, seguridad, servicios públicos y posibilidades reales de construir un proyecto de vida?
Los datos de 2026 muestran simultáneamente migración, deportaciones, pobreza, desempleo, violencia, desplazamiento y un crecimiento sostenido de las remesas. Ninguno de esos fenómenos, por separado, explica toda la realidad.
La salida de los compatriotas vuelve a colocar el tema sobre la mesa. La discusión, más allá de las diferencias partidarias, pasa por establecer responsabilidades, evaluar políticas públicas y construir condiciones que permitan que la migración sea una elección y no la única alternativa que algunas familias perciben para mejorar su futuro.
Prensa Libre Honduras continuará dando seguimiento al avance de la caravana y a la situación de los hondureños en tránsito.




