

Lo que debía ser una fiesta del fútbol hondureño terminó en caos y tragedia en las afueras del Estadio Nacional Chelato Uclés, donde aficionados de Motagua y Olimpia protagonizaron una violenta batalla campal.


Previo al inicio del partido, se registraron múltiples detonaciones de arma de fuego, dejando como saldo preliminar al menos dos personas fallecidas y más de cuatro heridos, entre ellos aficionados y elementos de la Policía Nacional de Honduras.
Ante la gravedad de los hechos, las autoridades decidieron suspender el encuentro, priorizando la seguridad de los asistentes frente al nivel de violencia desatado.

Además, se reportaron daños a más de diez vehículos, incluido el del árbitro central, así como afectaciones a propiedades cercanas. Vecinos de la zona también denunciaron daños materiales, mientras socorristas de la Cruz Roja Hondureña atendían a los heridos en medio de escenas de pánico.
Este nuevo episodio de violencia vuelve a poner en debate el control de las barras y la seguridad en los eventos deportivos en Honduras.

¿Hasta cuándo el fútbol hondureño seguirá siendo escenario de violencia?






